Ser invitado a entrar en la intimidad de otras vidas, asistir a otros y acompañarles es un privilegio pero también una carga.
Aunque la psicología ha alcanzado un gran desarrollo de modo que los conocimientos científicos ocupan un buen campo de esta disciplina, el ejercicio profesional tiene también mucho de arte o artesanía. A pesar de lo que hay escrito, no todo está escrito (¡gracias a Dios!). Por ello es común que los propios profesionales tengamos controversias, nos cuestionemos, o deberíamos hacerlo, y en ocasiones necesitemos apoyo.
Por otra parte tratamos con lo más íntimo de las personas, con sus preocupaciones, y miserias desde una perspectiva solitaria y discreta, sujetos al secreto profesional y a la obligación ética de “hacer el bien”, en un mundo moderno que sólo se interesa por ellas si puede convertirlas en espectáculo público.
Nuestro trabajo se basa en esa intención de mejorar la vida de las personas pero eso no depende de nosotros más que en una cierta medida. Lo que decide el paciente es lo fundamental y este tiene alrededor un mundo de circunstancias incontrolable. A veces los trabajos no van en la buena línea deseada y la frustración, en forma de burnout u otra modalidad aparece en escena.
Somos personas de carne y hueso que no lo saben todo (malo sería creer que si) y que están sujetos a una gran parte de las desdichas que nuestros pacientes nos exponen dado que ¡estamos vivos!
En todos estos procesos podemos ayudarnos.
- Para los estudiantes en prácticas que tienen dudas sobre su trabajo.
- Licenciados noveles en el periodo de adquirir experiencia.
- Profesionales que precisan acompañamiento de un colega en casos difíciles o en los que interfieren con sus emociones.